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La Copa de Oro, el anhelo de un sueño dorado de verano

 


Lo cierto es que a veces plasmar al 100% tus sentimientos bajo el paraguas de unas palabras convertidas en un texto no es una misión sencilla. A pesar de ello, en las próximas líneas me gustaría dictar lo significante que es la Copa de Oro de San Sebastián para un servidor. Seguro que dicha carrera en el panorama internacional no es ni la más importante, ni la mejor dotada, ni la que los mejores caballos del mundo reúne, pero muchas veces el sentimiento y lo personal supera a los billetes y a la calidad en la pista.

Habrá aficionados que compartan mi punto de vista o mi sentimiento de amor por la cita del 15 de agosto. Otros todavía me temo que todavía están a tiempo de empaparse de lo que representa el anhelado trofeo dorado. Tranquilos, hay sitio para todos y solo os invito a vivirlo en directo en el propio recinto guipuzcoano. Se dice que con la edad se consigue tener tablas y se superan así, los nerviosismos que sueles tener en las diferentes facetas de nuestra vida. No niego dicha afirmación, pero reconozco que en, las semanas, en los días, en las horas, en los minutos e incluso en los segundos previos al golpe de cajones de la Copa de Oro mi cuerpo recorre un temblorcillo y un nerviosismo especial. No sabría explicarlo es algo distinto a todo los demás, aunque estoy seguro de que no soy al único que le ocurre. ¿Es grave doctor?, preguntaría. La respuesta creo que sería: “Sí, usted está enfermo de la Copa de Oro”. Ningún problema.

En este sentido, recuerdo perfectamente que en una edición miré a un aficionado a la cara justo instantes antes de que estuviesen entrando los caballos participantes de la Copa de Oro en los cajones de salida y le comenté: “Qué, ¿Estás nervioso?” Y me respondió rápidamente: “Mira mi piel de gallina y toca mi pecho”. Iba a mil. Me sonaba y mucho la película.

Tampoco escondo en público ni en privado que en mi cúspide entre los sueños turfisticos está el poder ganar algún día ese trofeo de oro y llevármelo a casa. Sería con total seguridad uno de los días más felices y mejores de mi vida. Tendría la sensación de que completaría toda una vida en el hipódromo, desde ser un bebé hasta el presente, culminando en la consecución de esa carrera. Y sí, no discuto de que habrá carreras mejores remuneradas y reconocidas con un palmarés más glorioso, pero la Copa de Oro es única para mí. Eso sí, como se suele decir, “los sueños, sueños son”. Si llega bien y sino seguiremos desde la grada viviéndolo igualmente. Lo que está claro es que la emoción será máxima.

Haciendo un repaso al palmarés rápido de este gran premio pocas palabras nuevas añadiría que no se hayan añadido ya. Cada uno tendrá su recuerdo particular y especial con esta carrera y seguro que no hay ninguna mejor que la otra. Todos ellos sirven para construir la grandeza de la fecha. Una fecha que revisando las primeras ediciones alberga la Copa de Oro de San Sebastián cada 15 de agosto desde 1976, cuando ganó un tal RHEFFISSIMO. Con anterioridad se celebró en otros días distintos de agosto o septiembre.

Y es que me temo que como en mi caso, si a muchos nos preguntan, ¿Y tú donde vas a estar el 15 de agosto? La respuesta será clara, en el Hipódromo de San Sebastián viendo algo más de dos minutos llenos de nervios y emoción sobre 2.400 metros. Para muchos el 15 de agosto es sinónimo de Copa de Oro y Copa de Oro es sinónimo de espectáculo-pasión. Disfrutemos lo mejor posible de una nueva edición de esta prueba única y que seguro que está bien marcada en rojo en el calendario. Algunos ya estamos con los comentados nervios recorriendo el cuerpo. Benditos nervios dorados…


Foto portada: Copa de Oro 1993 | Foto: Mikel-DV

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